Todo lo que debes de saber sobre Dolor Ciático

¿Qué debes saber sobre el dolor ciático?

Se da el nombre de ciática al dolor localizado en el trayecto del nervio ciático. Este nervio es el más grande y más largo del cuerpo y es el encargado de darle sensación y fuerza a la pierna.

Comienza en la zona baja de la espina dorsal y se extiende por la parte posterior de la pierna hasta llegar a los dedos del pie.

El dolor ciático se puede clasificar en cuatro:

  1. Dolor ciático solamente: cuando no hay ninguna debilidad muscular o sensorial.
  1. Dolor ciático con signos blandos: Fuerza muscular, funciones intestinales y de la vejiga normales, pero con algunos cambios sensoriales leves.
  1. Dolor ciático con signos duros: las funciones intestinales y de la vejiga son normales, sin embargo, hay cambios sensoriales y en los reflejos y hay debilidad muscular.
  1. Dolor ciático con signos graves: hay cambios sensoriales y en los reflejos, debilidad muscular y alteraciones en la función vesical

La ciática puede ser ocasionada por diversas causas, pero la presión sobre el nervio ciático de una hernia de disco, suele ser la más común. Llevar una vida sedentaria, la obesidad, la diabetes, los trabajos que requieran llevar cargas pesadas y la edad, son factores de riesgo debido al desgaste de los nervios.

Las principales características de la ciática son: dolor u hormigueo en una sola pierna, comienza en la espalda y se irradia hacia la parte posterior del muslo y muchas veces en la pantorrilla y/ o el pie, es un dolor agudo y punzante, empeora cuando se está de pie o sentado. El dolor muscular que dura más de tres días puede requerir de tratamiento profesional. Quienes padecen dolor ciático suelen describirlo como una dolor intenso y agudo. Es una señal de alerta cuando el dolor comienza a empeorar al punto de llegar a ser incapacitante.

Muchas veces la ciática suele ser mal diagnosticada por lo que los tratamientos que se le brindan al paciente suelen ser poco efectivos. Entre las preguntas clave que el médico debe realizar están: si ha tenido alguna lesión, si tiene fiebre recurrente, si tiene problemas para controlar el intestino o la vejiga, si padece o ha padecido cáncer o si hay pérdida de peso involuntaria. Aunque muchas veces para el diagnóstico suele ser suficiente el cuestionario, también podrían realizar pruebas de sensibilidad y de fuerza, rayos x, tomografía computarizada o resonancia magnética.

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